Cuando se habla de recursos marinos, se piensa por excelencia en peces, manglares, chuchecas y langostas. Pocas veces que la promesa del océano va mucho más allá. Tal es el caso de un recurso poco conocido y mal entendido por los ingenieros continentales: la energía del mar.
Esta se puede aprovechar de varias formas: como una corriente eléctrica directa inducida en un par de conductores sometidos a una diferencia térmica en dos masas de agua diferentes y próximas. Fenómeno que constituye una promesa para cuando el hombre tenga necesidad de habitar en ciudades submarinas. O bien algo más obvio como la energía de las olas, las cuales fácilmente levantan un buque tanque de 100.000 toneladas 3 o 4 metros de altura en 10 segundos, generando una potencia de 400 Megavatios, la misma que producen las plantas hidroeléctricas asociadas a la represa del Lago Arenal.
El científico europeo ha aprovechado con mayor frecuencia otra forma de energía marina: las mareas. Usualmente se logra represando mediante una exclusa ubicada a la entrada de un angosto canal el agua que sube en la fase creciente, para convertir el flujo y reflujo en energía que mueve turbinas, al igual que lo hace el agua de una tubería que baja de una represa convencional. Tal es el proyecto hidroeléctrico en Rance (Canal de la Mancha, Francia), operando hace decenas de años. Pero también hay otros lugares privilegiados, como el Mar de Cortés (México), donde se dispone de 10 metros de diferencia de altura cada 12 horas.
Hay una alternativa adicional, aplicable en Costa Rica, que consiste en utilizar un intenso caudal de marea, confinado en un estrecho canal que tiene facilidades naturales para instalar el equipo periférico. Esta condición la tenemos en las vecindades de las Islas Negritos, en la margen occidental del Golfo de Nicoya. Aquí la intensa corriente en el fondo, no permite que se deposite el sedimento. Por el contrario, su textura rocosa facilita el anclaje de los ejes de las turbinas giratorias, a una profundidad de 15 a 20 metros.

En ambas fases de marea, durante 20 horas al día, se tienen flujos que superan el mínimo crítico, a lo ancho de 1500 metros del canal. Las paredes rocosas de la Península y de las islas, permiten instalar el puente de control y los tensores de las turbinas.
Este tipo de aprovechamiento mareomotriz se logra desde mediados de siglo en la costa inglesa y el Mar del Norte, siendo los ingleses los más aventajados en este campo (Plymouth). Hoy la tecnología permite instalar en los pasajes de las Islas Negritos unas 20 turbinas en paralelo, generando cada una entre 5 y 8 Megavatios.
Su impacto ambiental es mínimo, pues no requiere represa ni transformación drástica del ambiente. El agua no se extrae ni se contamina térmica o químicamente. Esta solo cede su energía a los álabes de las turbinas. Ventajas adicionales son las facilidades de acceso al complejo, las cuales pueden incluir paraderos turísticos en las rocosas islas, o bien giras educativas para las nuevas generaciones.
Una planta de este tipo podría atender las necesidades energéticas para el desarrollo de la Península de Nicoya, generar empleo directo para cien personas e indirecto para otras tantas.
Tiene ventaja comparativa con respecto a otros proyectos de generación hidroeléctrica, pues su potencial no se afecta por sequías o por el asolvamiento con las inundaciones. Su génesis solo depende de la interacción gravitacional entre la Tierra, la Luna y el Sol. Por lo tanto, desde la perspectiva humana es una fuente inagotable, permanente, constante y armoniosa con la naturaleza.
Tienen allí las comunidades costeras de la Península de Nicoya, una fuente importante de riqueza que podría transformar el futuro de sus hijos.
  
Diversos modelos de turbina mareomotriz
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